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Ayer te despedimos: familia , amigos, tus paisanos de Gijón, todos como una piña. Adiós Arturo.

Hicimos un viaje de ida, pa llevarte a casina, te acompañamos sin perder la sonrisa; contándonos mil anécdotas, celebrando tu vida, tan preciada para todos los que tuvimos la inmensa fortuna de cruzarnos en tu camino.

Les decías a tus nietas qué hacíamos cada día al llegar al teatro, ellas deseosas de saber más de su abuelo, impactadas por las miles de personas que vinieron a honrarte a tu teatro, el Jovellanos,a decirte lo mucho que te agradecían el haber sido felices unas horas, todo el bien que les hacías desde el escenario, tu hábitat natural.

Les enseñaba fotos: vuestro abuelo desde el patio de butacas escudriñando cada rincón del escenario, concentrado, buscando cada mínimo desajuste para que todo estuviera tan perfecto como su público merecía. Fotos con Mika en brazos, ese amor infinito a los perros, sólo ella tenía derecho a subirse a cada sillón del decorado,  exigiéndole una caricia, toda su atención … Guardaba en su camerino un cajón con sus chuches favoritas, y ella entraba buscándole desesperada , rascando en la puerta del camerino… y eso era “casa”, era hacer familia.

Un té en el camerino, ponernos al día: ¿cómo está la familia, qué has visto en teatro , que sabes de ésta función? … siempre curioso y atento.
Valorabas a tus compañeros de profesión, nunca una mala palabra, un comentario feo. Me contabas que cuándo llegaste a Madrid había una solidaridad enorme , qué conseguiste muchos papeles, porque algún compañero te había recomendado, o te decía: pásate por el Gijón, qué tal compañía empieza una gira y puede que haya un papel para tí. Del mismo modo qué luego tú has sido inmensamente generoso con alguno de ellos; siempre en silencio, sin que nadie se enterara.

Nunca te importó la opinión ni los prejuicios de lo demás , no trabajabas para agradar a los de tu gremio. Tú público era soberano y a él te debías y te demostraron con creces su gratitud, llenando cada función en cada teatro de cada ciudad. Cada día, al acabar la función, les dabas las gracias saludando, haciéndote fotos con cada uno de ellos que te esperaba emocionado, siempre con una palabra de ánimo, un apretón de manos, un piropo… porque te hartaste de repetir que todo lo que eras, lo poco o lo mucho , se lo debías al público.

Me decías que este era un oficio y que sólo se aprendía en el teatro, trabajando cada día,como un artesano. Te transformabas y revivías en cada función , yo te miraba absorta, nunca había visto tanta comunicación entre un actor y su público .

Tanto que aprender…
Ayer te dejamos en la cima de una loma, dándote el sol y rodeado de prados con perrinos y caballos pastando alrededor,  lo más parecido a tu paraíso .

Ya estás en casina.
El viaje de vuelta nos tocó hacerlo sin tí…..Abrazo a tu familia excepcional que te colmó de amor y cuidados siempre,  que te acompañó, que té entendió y respetó tu profesión , que era tu vida.

 Te quiero infinito

Carmen Del Valle

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